Reflexiones teológicas y pastorales en tiempos del Covid-19. Una perspectiva reformada y evangélica

por César Carhuachín

La pandemia del Covid-19, que inició a inicios del 2020, ha afectado en múltiples aspectos a toda la humanidad. La pandemia ha puesto al descubierto las desigualdades socio-económicas y de salud en el mundo, ha permitido ver a ciertos líderes de iglesias más interesados en los diezmos y ofrendas que en la vida integral de sus feligreses, y nos ha mostrado que la explotación indiscriminada a la naturaleza tiene consecuencias catastróficas. Ante esta dura realidad, ¿Cómo interpretar la pandemia del Covid-19? ¿Qué aprendemos de la tradición reformada? ¿Cómo responder teológica y pastoralmente hoy? Estas cuatro reflexiones siguientes buscan responder a estas inquietudes teológicas y pastorales.

Primero, las pandemias, como el Covid-19, tienen que dejar de ser entendidas como enfermedades enviadas por Dios para castigar al mundo por sus pecados. Dios no envía las pandemias ni pestes. Antes bien, las pandemias, pestes y enfermedades son resultados de la naturaleza y la acción humana. Buscar en Dios el origen de ellas muestra una concepción alejado de las ciencias médicas. Esa concepción puede llevar a desestimar el valor de la medicina y a buscar la solución de las pandemias y pestes fuera del ámbito médico o científico. Por el contrario, la Biblia nos enseña que Dios es quien “da sabiduría a los sabios y ciencia a los expertos” (Dn. 2,21); y que Dios los males no son producto del pecado. Jesús respondió cuando le preguntaron si la ceguera de un hombre era por su propio pecado o el de sus padres: “Ni él pecó ni sus padres” (Jn. 9,2-3). Adjudicar a Dios el envío de las pandemias y pestes que producen dolor y muerte no coincide con el mensaje del amor, sanación y preocupación de Dios por la humanidad que Jesús predicó constantemente. En lugar de adjudicar a Dios dichos males, hay que proclamar el deseo de Dios de sanación y salud para todos (as).

Segundo, los grandes reformadores como Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino tomaron la pandemia de la peste negra en la Edad media como un desafío de trabajo teológico y pastoral. Lutero demandó en Wittenberg un nuevo hospital para los enfermos pobres que no tenían donde ser atendidos y que se construya un nuevo cementerio fuera de la ciudad, donde se respete la memoria y los restos de los difuntos. Zuinglio en Zurich mostró que los empleados públicos que tienen el trabajo de cuidar la salud y proteger a la población deben de cumplir con su obligación aún en tiempos de una peste y no abandonar sus responsabilidades. Calvino llamó la atención en Ginebra sobre los conspiradores de la peste, que ensuciaban con el sudor de los contagiados de la peste las manijas de las puertas y otras áreas públicas que la gente tocaba para que aumente el número de contagios y se beneficien los empleados de la salud y los boticarios. Calvino pide que se les trate como criminales.

Como teólogos (as) y pastores (as) esta herencia nos invita a analizar no solo el Covid-19, sino también sus efectos y los problemas relacionados a este. La situación de la falta de acceso a la salud (falta de seguro médico privado), la desnutrición (casi la mitad de la población come menos de 3 comidas diarias), la falta de acceso al agua potable, la falta de acceso al internet para estudiar en casa, la violencia intrafamiliar y otros problemas, ya estaba antes de la pandemia. El Covid-19 ha hecho que esta triste e injusta realidad social salga más a la luz. En plena pandemia, la CEPAL anunció que a fines del 2020 que había 209 millones de pobres en la región, con 22 millones pobres más que a fines del 2019. Esta cruda realidad interpreta a nuestros ministerios actuales. Un ministerio y liderazgo pastoral hoy debe ser creativo y colaborativo con otras Iglesias, ONGs y oficinas públicas y privadas para responder a las necesidades sentidas de las congregaciones y las comunidades donde están insertas. La incidencia de la fe no es unidireccional sino multidireccional. Así como los reformadores, los pastores (as), líderes de la Iglesia y creyentes en general deben reclamar a las autoridades para que atiendan estas necesidades de la población. Jesucristo dijo que cuando servimos a los necesitados realmente le servimos a él mismo (Mat. 25,31-46).

Tercero, una consecuencia irreparable del Covid-19 es la muerte, y en muchos casos hay más de un fallecido en la misma casa. Esto produce gran dolor, tristeza. Otra es el contagio de millones de personas con el virus, y en muchos casos más de un miembro de la familia ha sido contagiado. Eso produce una angustia por la posible muerte del familiar y una preocupación por la seguridad de la familia.  Otra es el temor de la gente por el contagio en los lugares públicos. Además, tenemos los problemas del estrés en niños (as) y jóvenes, y el problema de la violencia intrafamiliar. Miles que han perdido su trabajo y tienen deudas desesperantes. Este es el cuadro psico-espiritual de la vida diaria de nuestros congregantes y como Iglesia debemos responder pastoralmente a estos desafíos.

Esta realidad nos exige una pastoral de acompañamiento, consolación y empoderamiento. Pero la verdad es que muchos pastores (as) y líderes de la iglesia no tenemos una sólida capacitación en psicología, consejería y acompañamiento pastoral en tiempos de crisis, como es el caso de la pandemia. Es necesario que las Iglesias nacionales, convenciones, asociaciones, congregaciones, seminarios e instituciones teológicas provean capacitaciones de este tipo para responder adecuadamente ante estas situaciones de crisis emocionales, afectivas y de relacionamiento.

Cuarto, la pandemia del Covid-19, si bien es un tema de las ciencias médicas, hay factores como la destrucción de la naturaleza que ha sido vista como un factor contribuyente a la pandemia. Y, es que mucha gente en América y Europa, basada en Gn. 1,29 ha justificado la explotación indiscriminada de la naturaleza para ganar más dinero. El teólogo Leonardo Boff ha denunciado el trato abusivo, de señorío y explotación indiscriminada de muchas empresas sobre los recursos naturales y el hábitat natural de animales y otros seres vivos, lo cual provoca su salida a las ciudades y áreas urbanas. Una manera concreta de prevenir futuras pandemias incluye hacer grandes cambios. Las grandes empresas y los políticos tienen que saber que el mundo en que vivimos es nuestra casa común. No hay otra. Si la destruimos, también destruimos nuestra casa y en consecuencia no tendremos donde vivir. La humanidad necesidad una conversión ecológica; y, los creyentes tenemos que practicar una buena “mayordomía de la creación” como sostuvo René Padilla, cuidando y tratando la tierra con amor y amabilidad.

Para que haya cuidado de la naturaleza es necesario que haya políticos que trabajen para el cuidado, la protección y la preservación de la naturaleza y sus recursos. Esto debería de ser política de Estado. Nosotros, como creyentes debemos apoyar estas iniciativas y políticas. Pero, también es necesario que los pastores (as) y líderes de las Iglesias trabajen en la conservación del medio ambiente donde están sus templos. Los sermones y clases bíblicas deben incluir el cuidado y la mayordomía de la creación. Este cambio de relacionamiento con la naturaleza o conversión ecológica incluye a toda la sociedad.

Scroll Up