Propuesta para una liturgia verdaderamente inclusiva y participativa

por Rev. Marcelino Basset

Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas. El que habla, hágalo como quien expresa las palabras mismas de Dios; el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo, a quien sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

1Pedro 4.10-11

 

El Señor Jesucristo llama a toda su comunidad al discipulado, a abrirse al don de la comunión con la divina sabiduría y con la comunidad de fe, a compartir con los demás las riquezas que el Espíritu da a cada uno (1 Corintios 1.5-7; 7.7; 14; Romanos 12.6-8; Efesios 4.7-16). Por ello, también las personas con discapacidad reciben del Señor Jesucristo la misma llamada a vivir el discipulado de modo responsable y activo, y a enriquecer al pueblo de Dios con los dones que el Espíritu les confía, para hacer que su Iglesia resplandezca (Efesios 5.27).

Las primeras comunidades cristianas trataron de dar seguimiento a la actitud inclusiva de Jesús.[1] Fueron espacios de participación tanto para los hombres como para las mujeres. Los que participaban tenían nuevos propósitos. Iniciaban una nueva forma de vivir, con nuevas actitudes y con una nueva imagen. También contaban con la posibilidad de participar activamente en una comunidad que se dedicaba especialmente a los oprimidos y marginados.

Las personas con discapacidad tienen un papel esencial en las comunidades cristianas y en la sociedad en general. Todos hemos recibido “un talento” y para poder ejercer nuestro don necesitamos ser integrados y tener la oportunidad de participar en la Gracia de Dios, de dar y de recibir. Todos somos necesarios: “Las partes del cuerpo que parecen de menos categoría son las más indispensables y los que nos parecen menos dignos los vestimos con mayor cuidado” (1 Corintios 12.22-23).

En esta consulta[2] bajo el tema “Personas con discapacidad,  nuevos sujetos teológicos desde la perspectiva de la  liberación”, se nos ha pedido abordar el componente litúrgico,  al cual vamos a acercarnos desde el enfoque inclusivo y participativo de las personas con discapacidad, lo que indica que hay un genuino interés en que se conozca más sobre el tema,  tanto en las instituciones teológicas que participamos como en las iglesias y también en las tradiciones en las que profesamos nuestra fe.

¿Qué es una liturgia inclusiva y participativa?

Una liturgia inclusiva y participativa es una estrategia que desafía toda forma de exclusión litúrgica. Esta liturgia se fundamenta en que todas las personas con discapacidad tienen iguales derechos, y por lo tanto, deben tener las mismas oportunidades en la estructura y orden del culto.

Los grupos de animación litúrgica deben asumir actitudes positivas de respeto y amistad,  como también adecuar el contenido y la forma de la liturgia a fin de hacerla accesible a las posibilidades de las personas con discapacidad. Una liturgia inclusiva y participativa crea espacios para toda la comunidad de fe, incluyendo a las personas con discapacidad.

Estos espacios litúrgicos en relación con las personas con discapacidad deben establecer nuevos propósitos; enseñar nuevas formas de vivir, con nuevas actitudes y con una nueva imagen.[3]

En el culto somos transformados por Dios y a través de esto el mundo también es transformado. De manera que el culto es un instrumento eficaz para la renovación de la iglesia y para su misión integral. Si el culto es un espacio de transformación del ser humano y la iglesia reconoce la responsabilidad con las personas con discapacidad, es deber de esta institución proporcionarles espacios litúrgicos a través de los cuales puedan ser incluidas con plenos derechos de participación activa.

Importancia de una liturgia inclusiva y participativa

La liturgia es un espacio de poder y de desarrollo integral. Hay razones y ejemplos suficientes para afirmar que, por ser la liturgia un espacio de poder, frecuentemente discriminamos a las personas con discapacidad en ella. No es un acto intencional, pero es difícil negar que, en ocasiones, en el culto reflejamos más la injusticia que criticamos a las estructuras socio-económicas y políticas, que la justicia del Reino de Dios que queremos anunciar.

De todas las personas excluidas y marginadas del mundo, son las personas con discapacidad las que reúnen todos los gravámenes, las que menos parecen contar en este mundo de hoy, las más afectadas por las guerras, los problemas de salud, el desequilibrio ecológico y la violencia, aun dentro del seno de sus familias.

Es en este contexto de crisis[4] que una liturgia inclusiva y participativa toma importancia para el avance integral de las personas con discapacidad,  ya que facilita el desarrollo de sus habilidades y capacidades, potencia sus oportunidades mentales, sociales y espirituales y los prepara para la vida en plenitud, como dice Waldemar: “A partir del paradigma holístico e integral, que concibe al ser humano como un todo con sus dimensiones cuerpo-alma-espíritu-mente e inserto en un todo que es Dios,  se plantea que el culto tiene elementos que aportan a la integración de estas dimensiones: social, biológico, cultural y religioso,  perfilándose su aspecto terapéutico”.[5]

De lo anterior decimos, que una liturgia inclusiva y participativa toca todos los aspectos de la vida, incluyendo el tema de la justicia entre los seres humanos, y una de las señales del Reino de Dios que anunciamos en la misión integral de la iglesia es, precisamente, la justicia, la cultura de paz y la equidad de todos los seres humanos.

La apertura de las iglesias para la inclusión de las personas con discapacidad en la liturgia

Ser participante, es un derecho. La exclusión de las personas con discapacidad de la liturgia, constituye una práctica que limita su inclusión y participación en la vida familiar, comunitaria, social, política y económica.

Dadas las características generales de algunas personas con discapacidad, su inclusión  pudiera ser más su experiencia de vida que verbal, por eso el culto resulta un momento fundamental de este proceso. Ciertas personas con discapacidad reciben el anuncio de la buena noticia en la experiencia de adorar a Dios a través de los múltiples recursos litúrgicos que debemos aprender a utilizar, especialmente a su favor.

Las personas con discapacidad pudieran ejercer un ministerio o función en la celebración, se constituyen por lo tanto en miembros activos de la asamblea a la que sirven. Si llegan a realizar esta función es para que los fieles canten y oren, escuchen y celebren, no para hacer comentarios, y para que ellos mismos sean los primeros en participar en el canto, en la oración, en la escucha y en la celebración.

Estrategias para una liturgia inclusiva y participativa en relación con las personas con discapacidad

Al identificar la celebración litúrgica como una vía para el acercamiento a las personas con discapacidad,  tenemos que  definir con claridad cómo y cuándo una comunidad celebra unida. Veamos la descripción de una liturgia inclusiva específica, tomando en cuenta la descripción de la cultura[6] de un grupo social, como lo es las personas con discapacidad.

Liturgia inclusiva específica:

  • Su ordo (orden). El culto debe tener cierto orden, elementos o contenidos, formas, secuencias, maneras de celebrar. Haciendo uso de sistemas alternativos de comunicación, proporcionando en la medida posible los materiales y recursos litúrgicos adecuados, tales como: adaptación de textos de la Palabra (expresiones y palabras que se utilicen), dramatización de la lectura del evangelio, etc.

 

  • Lugar litúrgico. Templo y salón de actos accesibles (rampas para las entradas y salidas, andenes, aceras y pasillos) de forma tal que las personas con discapacidad que usan medios auxiliares (sillas de ruedas, muletas, etc.) puedan entrar y desplazarse libremente por el lugar. La iluminación es un recurso fundamental para las personas con baja visión, sin embargo, no afecta por igual a todos, unos requieren iluminación intensa, natural y directa, mientras otros pueden precisar una iluminación media o baja, artificial e indirecta.
  • Tiempo litúrgico. Organización de actividades, planes de trabajo, ciclo litúrgico, tiempo-fiesta, duración, colores-signos y sentido, carteles que cambian según la época litúrgica, que ambientan el templo, música alusiva a la época litúrgica, todos estos recursos litúrgicos tomando en cuenta a las personas con discapacidad.

 

  • Asamblea litúrgica. El encuentro entre Dios y la comunidad de fe sirven para comunicarse, dialogar y mantener los vínculos de identificación con el grupo de las personas con discapacidad. Cuando los cristianos nos reunimos, expresamos nuestra fe y, además, estrechamos los lazos de fraternidad entre todos, incluyendo a las personas con discapacidad. La reunión de los cristianos tiene dos aspectos fundamentales: el humano y el religioso.

 

  • Valores. Reconocer que las personas con discapacidad poseen deseos o anhelos conscientes y efectivos que guían su comportamiento en el culto, son enriquecidos por recordar en el desarrollo del culto esos valores que la vida cotidiana suele hacerles olvidar.

 

  • Patrones de pensamiento. El espacio litúrgico debe estar orientado al aprendizaje de la comunidad de fe para que sea más efectivo, dotando de herramientas  a las personas con discapacidad para que le hagan frente a la vida. Que las personas con discapacidad sean capaces de analizar y evaluar la conducta  y las acciones, para que sean objetivas en cuanto a la forma en que reaccionan ante las diferentes circunstancias de la vida.

 

  • Las personas con discapacidad tienen lemas, refranes y metáforas especiales, que suelen trasmitir tales significados en la celebración litúrgica, por lo tanto tenemos que comprender su lenguaje. Humberto Eco lo expresa así: “Tal es la magia de las lenguas humanas, que a menudo, en virtud de un acuerdo entre los hombres, con sonidos iguales significan cosas diferentes”.[7]
  • Es una práctica social. Constituyen los actos especiales, ayudan a desarrollar la identidad de las personas con discapacidad. La noción de rito está, además,  muy ligada a la idea de tradición (transmisión). La mayor parte de nuestros ritos sociales son herencia del pasado.

 

  • Arte. En la planificación de cualquier actividad o producto realizado por las personas con discapacidad lo hacen con una finalidad estética o comunicativa, a través de la cual se expresan ideas, emociones y en general una visión del mundo, mediante talentos como la música y recursos diversos como los plásticos, lingüísticos, sonoros, etc.

Con esta descripción observamos la necesidad de explorar la infinidad de recursos que ofrece el campo de la liturgia, útiles para lograr la participación consciente de las personas con discapacidad en el culto.

Propuesta para una liturgia inclusiva y participativa

Para una liturgia integradora se requiere de esfuerzo y cambios en nuestra visión hacia las personas con discapacidad y de nuestro concepto de lo que implica una liturgia inclusiva. En la construcción de la comunidad de fe, además de la inclusión y participación de los creyentes, es necesario que cada persona ofrezca generosamente sus potencialidades como verdadero servicio a los demás y que sean recibidos con gusto y positividad.

Este planteamiento supone aspectos a considerar y que deben ser tenidos en cuenta en cualquier propuesta de inclusión litúrgica.

Iglesia

Partir de que una liturgia inclusiva debe:

  • Llevar el sentido inicial de ayudar y asistir a las personas (con discapacidad), actuando con amor y creatividad para apoyar la justicia[8] y la igualdad de oportunidades, respetando la particularidad de cada persona como hijo de Dios, lo que le permite tanto servir como ser servido en su calidad de miembro vital del cuerpo de Cristo y como agente pastoral activo.

 

  • Combatir el anonimato, la apatía, la indiferencia y el prejuicio hacia las personas con discapacidad que les aíslan e impiden su participación de acuerdo con su mayor potencial, por el contrario avanzar en el trato personalizado del que adolecemos y que tanto aprovecha el mercado religioso de la oferta y la demanda en América Latina y el Caribe. Las personas con discapacidad[9] a menudo se sienten solas, olvidadas, rechazadas e insatisfechas. Debemos tratar de estimular su identificación propia dentro de la iglesia, incluyendo a sus familiares, tanto en una comunidad de apoyo que comparte experiencias, intereses, capacidades y necesidades similares como también en su plena participación en su comunidad de fe que acepta y trasciende todas las diferencias en el amor de Jesucristo.

 

  • Recordar y reconocer que en nuestros cultos tenemos diversidad de demandas y necesidades de las personas con discapacidad debido a la variedad de tipologías de discapacidades (motrices, sensoriales —visuales, auditivas, multisensoriales—, psíquicas, orgánicas, espirituales), que pueden darse de forma simultánea en algunos sujetos. De aquí la necesidad de una sólida comprensión teológica, psicológica y fisiológica de las discapacidades y sus efectos para las  personas con discapacidad y sus familias.

Equipo de animación litúrgica

Capacitar a las personas con discapacidad para que sean  multiplicadoras y agentes de transformación a nivel de sus iglesias y en las comunidades circunvecinas. Si esto no se da, se desvirtúa el proyecto y trabajo, quedando condenado a ser solo asistencialismo (dependencia), y a perderse así el esfuerzo en el  tiempo.[10] Aquí la capacitación juega un papel importante, ya que ésta servirá para formar personas que asuman posturas críticas,  llamando a la concientización (“cambien su manera de pensar, para que así cambie su manera  de vivir”, Romamos 12.2) y a la movilización (acción que lleva al cambio).

En la tarea de la planificación y la preparación de la liturgia

  • Ser inclusivos con las personas con discapacidad: comprendiendo su cultura, costumbres e idiosincrasia, sin destruirlas ni menospreciarlas; explotando sus múltiples capacidades y habilidades; reconociendo su presencia, características, intereses, necesidades, expectativas y opiniones; utilizando sus sentidos (escuchar, cantar, ver, hablar, gesticular, etc.) e involucrarlos de forma activa en los cultos, enriqueciendo así las celebraciones de la comunidad de fe.

Educación teológica

  • Desarrollar un programa curricular sobre liturgia, que brinde opciones de estudios dirigidos específicamente hacia la inclusión y la integralidad: un enfoque inclusivo (al servicio de toda la humanidad) e integral (para todas las dimensiones de la persona), capaz de elaborar propuestas con bases bíblico-teológicas y pastorales, expresadas a través de elementos propios de la cultura mesoamericana.

 

  • Enfatizar que tanto por su quehacer individual como en equipo, el educador del área de liturgia  realice un análisis/reflexión sobre su práctica profesional. Por ello nos parece importante la función investigadora del educador en el campo de la discapacidad mediante la investigación-acción. El análisis de su saber pero, sobre todo, de su saber ser y de su saber hacer, ha de enriquecer el crecimiento personal y profesional, lo que ayudaría a eliminar las prácticas asistencialistas, excluyentes y segregacionistas que, aunque de manera sutil, cada vez son más frecuentes hacia las personas con discapacidad.

Conclusión

Urge una reinterpretación bíblica de la condición de la humanidad, de la creación, de su estado actual, la gracia de Dios, la obra salvadora de Cristo y sus dimensiones cósmicas  y la interrelación de la comunidad cristiana en la historia y en la sociedad y toda la dinámica interna que subyace en este intercambio de vida y muerte.

Creo que la primera tarea indispensable de la Iglesia es restaurar la esencia del ser humano, en especial de las personas con discapacidad,  a través de la revitalización de la vida en un activo dar y recibir, que son responsabilidades mutuas de la sociedad. La vida humana es vivir en relación con otras personas y debe de adquirir significado y profundidad solo por medio de relaciones justas, equitativas, inclusivas, transformadoras y generadoras de la existencia.

La Iglesia debe de preocuparse por la tarea fundamental de recrear una nueva vida social verdadera, a través de la renovación de la sociedad que será la contribución más grande. A través de sus funciones primarias de predicar la Palabra y de su vida comunitaria de adoración, solo así podrá tener una renovación genuina. Solo como respuesta de su perfección podrá extenderse hacia el servicio de nuevas tareas.

Son la  gracia y verdad de Dios las que en última instancia sostienen y garantizan los valores personales y culturales, esenciales para la salud de la sociedad.

 

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[1]Ya que los dones del Espíritu fueron repartidos “cada uno para provecho de todos” (1 Corintios 12.7), cada creyente debía estar en igualdad de condiciones ante Dios, sea rico, pobre, hombre, mujer, judío o griego.  Cada uno tenía un don, y cada don era para la edificación de toda la comunidad.  Tal era la teoría, y seguramente los nuevos creyentes tuvieron experiencias maravillosas en ese sentido.  Sin embargo, las fuerzas opositoras también encontraron eco en las tendencias al divisionismo y discriminación que se reflejan en las cartas a los corintios, por ejemplo. (1 Corintios 1.10-17; 11.17-22).  No todos, ni todo siempre obedecían al Espíritu.

[2] Red Ecuménica en Defensa de las Personas con Discapacidad / Ecumenical Disability Advocates Network – EDAN. Consulta 2010, San Salvador, El Salvador.

[3] Muchos conciben a las personas con discapacidad como enfermizos y autodestructivos, pero eso no es cierto, porque son personas que pueden vivir a plenitud.

[4] Por cierto, es una crisis sin precedentes por su magnitud, su alcance global, por el grado de agotamiento ecológico y social. Una crisis social inédita de desigualdades mundiales, una extrema concentración planetaria de riqueza. La masa de la humanidad enfrenta una crisis de su reproducción, es decir, de sobrevivencia, un colapso del tejido social. Un aspecto novedoso aquí es el abandono por el sistema de amplios sectores de la humanidad, una población sobrante. La masa de la humanidad se encuentra envuelta en un circuito mortal de acumulación-explotación-exclusión.

[5] Von Hof O, Waldemar: El culto terapéutico. El culto y sus posibilidades terapéuticas,  Disertación para la obtención del grado de Máster en Teología, São Leopoldo, Escuela Superior de Teología, 2005, p. 3.

[6] La cultura que tiene un aporte para la liturgia. La cultura espiritual se refleja en las creaciones científicas, técnicas, artísticas, literarias, filosóficas, políticas, religiosas y morales. La totalidad de estos valores se manifiesta de manera única e integrada, todo aporte espiritual tiene concreción material.

[7] Eco, Umberto:  El nombre de la rosa, Buenos Aires, Debolsillo, 2003.  p. 419.

[8] Justicia que se hace con la persona pobre, excluida, desvalida, que tiene rostro de niñez, de mujer, de extranjero, de refugiado, que sufren la violencia de los que ejercen el poder y control de este mundo injusto y deshumanizado.

[9] Las deficiencias son causadas por efectos sociales y naturales, pero ambas tienen relación directa, en la mayoría de los casos, con el daño que le hemos hecho a la creación. La deficiencia cuando es expuesta al entorno social, a las barreras físicas, psicológicas, estructurales, etc., se vuelven discapacidad, minusvalía, impedimento, desventaja. Son los prejuicios y actitudes las que marginan a los que tienen una o varias deficiencias.

[10] Dice un pensamiento oriental: «No le des solamente el pescado, ya que volverá a tener hambre. Enséñalo a pescar».

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