Perspectivas de las y los adolescentes como líderes

By Admin FTL

Protagonismo y participación de los adolescentes 1

Alexander Cabezas Mora 2

Cuando comprendemos que la participación protagónica valora la opinión y los aportes de los adolescentes, el fruto de esta intervención resulta en la articulación de un rol activo que va abriendo espacios y oportunidades para que los adolescentes, según sus dones, cualidades y talentos, puedan ejercer un liderazgo que se expresa entre sus pares. Sin embargo, el tema del liderazgo de los adolescentes no siempre es abordado como se debería en ocasiones se crean imaginarios que no contribuyen a clarificar las fronteras de sus capacidades como líderes y es cuando se les margina su potencial o, por el contrario, se les idealiza, atribuyéndoles responsabilidades que, por su edad o contexto, aún no están preparados para asumir y ejercer.

Por ello, conocer la opinión por medio de las experiencias de algunos adolescentes involucrados en el liderazgo participando en proyectos, nos provee un marco referencial clave a la hora de repensar el trabajo con estas poblaciones desde nuestras iglesias.

Lo expuesto en este escrito representa un resumen de un estudio de campo para optar la maestría en Ciencias de la Religión con énfasis en liderazgo por parte de ProMETA. Las conclusiones expuestas no pretenden ser ni totales ni absolutas, estuvieron delimitadas a la misma naturaleza de la investigación.

Según los hallazgos de la investigación, en los adolescentes hay claras percepciones de lo que ellos consideran qué es y debe ser un líder. Aunque sus afirmaciones reflejan aspectos prácticos y tangibles, tal como un líder es líder porque sabe escuchar, guiar y dirigir al grupo.  A la vez, se ha ganado el derecho para ser escuchado y para dirigir al grupo.  Es una de las conclusiones de los adolescentes. A este tipo de liderazgo, según Greenleaf (1998), se conoce como: “liderazgo de servicio”, porque se basa en aspectos relacionados con la atención y la satisfacción de las necesidades de los otros vinculados al servicio.

Otro resultado es que el liderazgo en los adolescentes no es una propuesta divorciada de los adultos.  Referirse al liderazgo que pueden ejercer los adolescentes, no implica etiquetarlos como “pequeños adultos líderes”, asumiendo que los adolescentes tomarán responsabilidades que no son aptas para sus edades y condiciones.  Se reconoce que los adolescentes poseen ciertas habilidades y capacidades, pero también limitaciones naturales de acorde a sus edades, las cuales son evidentes y exteriorizadas por ellos y ellas mismos. Es un hecho que pueden darse tensiones generacionales, lo cual implica que se requiere trabajo por parte de los adultos y los adolescentes, para lograr una armonía que facilite el apoyo de ambos hacia el cumplimiento del desarrollo de los objetivos del grupo.

Otro patrón encontrado es que la validación del liderazgo en los adolescentes entrevistados proviene tanto de factores endógenos, como exógenos.  Rojas (2011), opina que todos estos aspectos y factores internos como externos, colaboran en los adolescentes a “valorar sus cualidades, mejorar su autoestima, y a conocer mejor el entorno que le rodea, permitiéndoles tener una mayor confianza para desenvolverse” (p. 46).  Es probable que algunos de los adolescentes entrevistados puedan tener rasgos de un “líder innato”, aunque la mayoría precisó que dicha manifestación o reconocimiento, se comenzó a referir desde los doce años en adelante (al menos entre los entrevistados), con excepción de unos pocos entrevistados que identificaron su potencial desde los nueves años, puesto que ya otros los consideraban como líderes y también ellos mismos se veían como líderes. Pese a ello, hay un reconocimiento generalizado de que el líder es líder y tiene la responsabilidad de equiparse para llevar a cabo su función.

Algunas conclusiones para pensar desde el trabajo con las iglesias

A manera de conclusiones abiertas, debemos readecuar nuestra percepción sobre lo que es y significa el liderazgo en manos de los adolescentes, lo cual es una propuesta que se refuerza con el acompañamiento y la orientación de las personas adultas: adultos-adolescentes y viceversa. Dicho enfoque garantiza un abordaje intergeneracional, permitiendo encontrar formas y alternativas saludables para la construcción de visiones compartidas que benefician a los mismos adolescentes y a los adultos y por ende, a las iglesias donde se sirve y se trabaja para el bienestar de las comunidades.

Segundo, el liderazgo de los adolescentes es un recurso que las iglesias están llamadas a considerar. Aunque siempre debemos preguntarnos: ¿Es real o es decorativa esta participación? De ser decorativa (escalera de Hart), ¿cuáles son las limitaciones o dudas que restringen la participación activa y real de los adolescentes? ¿Será la ausencia de herramientas para el empoderamiento? O, ¿los paradigmas adultocentristas que impiden aprovechar el potencial que subyace en los adolescentes? 

Tercero, el planteamiento de los adolescentes como líderes requiere del esfuerzo adicional y específico por parte del liderazgo adulto. Ya que ellos continúan siendo los referentes y los responsables de ofrecer a los adolescentes direccionalidad, contenido y un horizonte que se complementa con las aspiraciones y deseos de ellos y ellas.  Esto en sí representa un desafío para las iglesias donde intervienen la niñez y la juventud.

Por último, tomando los principios de Nirenberg (2006), aplicados al trabajo desde las iglesias, existen tres elementos relevantes para considerar el apoyo que pueden brindar los adolescentes como líderes en las iglesias. Esto son axiológico, epistemológico y pragmático: 

Axiológico: porque la participación es un valor y un derecho que debería respetarse, pero debe ser voluntario y no coercitivo.  Si una propuesta de trabajo para adolescentes no incluye la participación de los adolescentes en la parte de planificación, dichas acciones podrían concluir en alejamiento, desmotivación y falta de interés de los adolescentes, y en el caso de participar, lo harán a la fuerza o atraídos por otros motivos menos sostenibles; ¡lamentablemente nuestras iglesias están llenas de jóvenes desmotivados!    

b. Epistemológico: la participación permite que los adolescentes tengan más conocimiento de las realidades que les afectan y de esta forma se logrará conocer sus puntos de vista acerca de las problemáticas que viven en sus entornos. ¡Una iglesia con adolescentes y jóvenes más sensibilizados y conocimiento de causa es una iglesia que tiene mucho que ofrecer a las comunidades donde trabaja! 

c. Pragmático: porque al poseer los adolescentes una postura, también se les puede vincular en la puesta en práctica de estrategias, que puedan ayudar a encontrar soluciones a dichos planteamientos y su involucramiento es necesario desde las etapas de la gestión de un proyecto, iniciando con el diagnóstico hasta la ejecución de las estrategias que buscarán solución a dichos planteamientos que las iglesias definan como parte de su quehacer.

Claro está, si un programa o proyecto de una iglesia o ministerio no refleje los niveles o rangos más altos según la escalera de Roger Hart, no implica que estén haciendo mal las cosas.  Recordemos que la participación y aún más, la participación en el liderazgo de los y las adolescentes, es un proceso que se construye paulatinamente en la medida que vamos aprendiendo e interiorizando aspectos teóricos y prácticos en el ministerio. Eso sí, nuestra misión comienza generando espacios, facilitando la participación y evaluando qué debemos y podemos hacer para ir subiendo hacia los niveles más altos según la escalera de Hart, aunque esto implique tiempo, recursos, cambio de estrategias y metodologías, y ante todo, ¡cambiar nuestras mentalidad! 

La iglesia es un ambiente informativo, educativo y formativo que promueve el intercambio generacional, las oportunidades para el aprendizaje, el intercambio de saberes, donde todos y todas se deberán sentir incluidos para colaborar en la transformación de sociedades más justas al servicio de Dios. Pero la pregunta es: ¿Estaremos dispuestos a dar el primer paso, al considerar que la participación está tanto en nuestras manos como en sus manos?

  1.  Extracto del artículo:  Pinedo y Cabezas (2016). En nuestras manos y sus manos, la Coparticipación de la niñez y la adolescencia en la Misión de Dios” https://movimientonj.org/nuevo-libro-en-nuestras-manos-y-sus-manos-la-coparticipacion-de-la-ninez-y-la-adolescencia-en-la-mision-de-dios/
  2.  Consultor y activista a favor de la Niñez y la Adolescencia

    Coordinador del Equipo Temático Niñez y Juventudes de la FTL