Memoria Indígena efectuó el taller: “Entretejiendo nuestras narrativas»

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Reflexión sobre el Taller: «Entretejiendo nuestras narrativas», de Memoria Indígena iniciativa surgida del Grupo Temático Identidad, Indigeneidad e Interculturalidad de la Fraternidad Teológica Latinoamericana.

Emprender un viaje, lleva consigo algunas experiencias y aprendizajes para la vida. Algunas travesías tienen cierto grado de riesgos más cuando se conoce poco el lugar que se visita. Sin embargo este lugar desconocido se vuelve casa, cuando los anfitriones viven la hospitalidad de manera total.

Aproximadamente, hace dos años, como “Memoria Indígena” empezamos nuestro recorrido; teniendo en mente la necesidad de un pensamiento colectivo para la recuperación de nuestra historia y memoria con un matiz de riqueza y de diversidad étnica que existe en Abya Yala, y desde esta tarea ser servidores fieles en el peregrinaje de un aprendizaje mutuo, en constante interacción con la iglesia indígena.

Una vez que comenzamos avanzar, algunos amigos de distintos lugares fueron uniéndose, a través de las herramientas comunicativas de las redes sociales, a partir de allí, fijamos horizontes más claros para Memoria Indígena. Además realizamos dos consultas abiertas con alrededor de 30 hermanos y hermanas indígenas y no indígenas, con el fin de dialogar, escucharnos, tiempo de oración y discernimiento colectivo.

Después de evaluar y priorizar las necesidades expresadas acordamos como equipo avanzar con los talleres para el desarrollo de “Historia y Memoria” desde la perspectiva indígena. En cumplimiento con nuestro objetivo, este año iniciamos en Panamá con representantes de tres pueblos originarios (Emberá, Ngäbe y Guna), con la introducción del taller Historia y Memoria. En breves palabras quisiéramos contarles un poco más de este tiempo providencial.

Desde el corazón de la Errebache (hospitalidad)

Para los Emberá, “ Errebache” significa hospitalidad y fue precisamente en un escenario con este nombre donde tuvo lugar nuestro encuentro. Este espacio consolidado por los hermanos Emberá- cristianos, quienes por su fundamento de fe y propósito de vida, decidieron desarrollar un proyecto sostenible que involucra la preservación de la identidad y la cultura de su pueblo. Y en respuesta a los valores ancestrales y cristianos sirven a la iglesia indígena no solo propiciando el espacio sino, generando propuestas con una economía solidaria para el desarrollo comunitario.

Desde el corazón de la Errebache (hospitalidad) de la comunidad Emberá, nosotros como Memoria Indígena, realizamos nuestro primer taller: “Entretejiendo nuestras narrativas», los días 24 al 26 de marzo del presente año. La ocasión nos permitió explorar algunas metodologías y caminos para comenzar a descomponer a nuestro lenguaje, un concepto tan amplio como es, memoria e historia, teniendo como base nuestra narrativa, elementos simbólicos de la identidad y la fe cristiana.

La primera noche, compartimos un tiempo alrededor del fogón, allí contamos nuestras historias. Entre muchas cosas interesante hizo resonancia la forma particular de presentarnos, donde los nombres y los títulos pasan a una segunda categoría y la identificación con la tierra y procedencia daba sentido a ese pensamiento colectivo. Además la importancia de contar las alegrías y las luchas de nuestros pueblos.

Al día siguiente empezamos el devocional, basado en el prólogo de Lucas. En esta ocasión lo planteamos con preguntas como ¿En nuestros pueblos originarios como se denominan las historias que son trasmitidas de generación en generación por nuestros abuelos? Algunos mencionaron memorias, revoluciones, narrativas, acontecimientos. Otros contaron algunas historias que daban alusión a la temática y la importancia de estos relatos para el fortalecimiento de la identidades de los pueblos.

Además compartimos las experiencias no solo de las luchas, si no como a través de las danzas, el arte, los tejidos, las ceremonias, en la vida cotidiana, también se registran el pasado. Estas narrativas orales y elementos simbólicos logran hilar en la construcción de conocimiento, formas de organización y desafíos ante la influencia de los no indígenas.

A partir del árbol genealógico continuamos entretejiendo a partir de un viaje hacia nuestra memoria comunitaria, y compartimos los registros que tenemos de nuestros antepasados. En la tarde dimos apertura con un dibujo del territorio recorrido, ejercicio que nos llevo a reflexionar el espacio ancestral y el actual; teniendo como base histórica los procesos coloniales que condujeron a nuestros pueblos originarios a convertirse en extraños en sus propias casas. A la vez nos recuerda cómo esta se ha convertido en la sombra de la desigualdad, división, la violencia y exclusión. A pesar de todo, el territorio es una superficie que guarda la memoria de los pueblos que se extinguieron y testigos de quienes siguen permaneciendo.

Finalmente desarrollamos el taller abordando algunos elementos simbólicos e identitarios, como son las, artesanías indígenas; objetos que esconden grandes pensamientos e historia de vida. Estos objetos simbólicos hacen parte de nuestra riqueza cultural, para hablar de nuestra identidad es pertinente hacer parte de la construcción de un pensamiento colectivo como lo es la memoria e historia. Ante la vasta comercialización de los tejidos, los objetos esconden lenguajes, significados y herramientas para el desarrollo de una pedagogía comunitaria y ancestral.

Estos y otros temas más fueron lo que guiaron estos días de talleres. Sin embargo, sabemos que esta es una de las primeras partes, porque necesitamos continuar dando seguimiento y sistematizando la experiencia; el insumo de lo escuchado, espacios de socialización extracurricular, elementos claves para la narrativa propia, entres otros. En el peregrinaje esperamos crear propuestas pedagógicas y metodológicas contextuales, adecuadas para las comunidades, para que a su vez estos materiales sirvan de base como herramientas en la creación de las narraciones de los muchos pueblos originarios que viven.

El equipo facilitador estuvo conformado por Ismael Sabayú y Jocabed Solano, con un apoyo muy especial en la logística de nuestro hermano Tulio Rosales del pueblo Emberá.

Extendemos nuestra profunda gratitud por sus oraciones y contribuciones, tenerles como parte del equipo nos da mucha alegría. Nos despedimos desde el corazón de la hospitalidad, reconociendo que la “Errebache” ha marcado una ruta pedagógica para nuestro caminar. Porque para seguir trabajando con, en y desde nuestros pueblos originarios necesitamos vivir la hospitalidad como ética de la vida que distingue el ser indígena.

A nombre del equipo de Memoria Indígena,

Jocabed R. Solano Miselis