Las Mujeres en la Reforma Radical

Por Nancy Elizabeth Bedford*

“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Cor 3:17). Esto no es un mero slogan. Describe parte de una dinámica esencial de la fe cristiana protestante que emerge cuando entendemos que el Espíritu de Dios es quien nos va abriendo nuevos caminos en el seguimiento de Jesús. Esta dinámica siempre está vinculada a la realidad de los y las más vulnerables de una sociedad. El Espíritu nos recuerda qué hizo Jesús, por qué lo hizo y cómo lo hizo, y nos va abriendo espacios para que nosotros y nosotras hagamos cosas parecidas – es decir, para que vivamos la fe en continuidad con Jesús.

¿Qué tiene que ver esto con las mujeres de la Reforma Radical? Pues la historia anabautista leída desde una perspectiva de género nos ayuda a entender cómo la pneumatología ilumina la cristología. Al describir la trayectoria del movimiento anabautista, Sigrun Haude señala que existe un consenso entre los historiadores de que si bien las mujeres de la Reforma Radical raramente lograron una igualdad completa con respecto a los varones del movimiento, el hecho es que la tendencia fue que tuvieran más espacio para su accionar y roles más centrales que en otros grupos vinculados a la Reforma[modern_footnote]Sigrun Haude, “Gender roles and perspectives among Anabaptist and Spiritualist groups,” en: A Companion to Anabaptism and Spiritualism. 1521-1700, ed. John Roth y James Stayer (Leiden: Brill, 2007) 429.[/modern_footnote], por motivos que a mí como teóloga me interesan mucho, pues tienen que ver precisamente con lo que señalaba acerca de la vinculación entre cristología y pneumatología.

En general en la Reforma (siempre siguiendo a Haude) vemos una correlación clarísima entre una mayor libertad para las mujeres y un énfasis sobre el Espíritu Santo. En cambio, en los grupos que subrayaban la lectura literal y legalista de la Biblia había menor libertad e igualdad para las mujeres. La Reforma Radical, al igual que los otros movimientos de la Reforma, sostenía la importancia de las Escrituras, pero tomaba muy en serio también la idea de que el Espíritu Santo es el agente principal a cargo de la interpretación de la Biblia[modern_footnote]Mirjam van Veen, Piet Visser and Gary K. Waite, “Introduction,” en: Sisters. Myth and Reality of Anabaptist, Mennonite and Doopsgezind Women, ca. 1525-1900, ed. M. van Veen, P. Visser and G. Waite (Leiden: Brill, 2014) 2.[/modern_footnote]. Esto le abrió las puertas interpretativas a mucha gente para que pudiera interpretar, guiada por el Espíritu, aunque no tuviera acceso a la educación académica formal, por ejemplo a los varones de estamentos sociales bajos, y también a las mujeres en general. Así surgieron mujeres que predicaban y asumían otros papeles protagónicos, basándose sobre todo en el principio del sacerdocio de todos los creyentes y todas las creyentes y en su empoderamiento por el Espíritu Santo[modern_footnote]Cf. Hans-Jürgen Goertz, The Anabaptists, trad. Trevor Johnson (New York: Routledge, 1996), 115-116.[/modern_footnote].

En los primeros años del movimiento anabautista, el énfasis pneumatológico se unía a un fuerte talante escatológico y profético. Lo podemos reconocer en algunas de las historias de los y las mártires anabautistas, por ejemplo, en el caso de Margaretha y Michael Sattler. Margaretha había sido beguina, es decir parte de una hermandad de mujeres católicas devotas sin jerarquías como las de los conventos convencionales. Se casó con Michael Sattler, quien había sido el prior de un monasterio benedictino en Brisgovia, para luego transformarse en líder del incipiente movimiento anabautista. El compromiso de ambos con el camino anabautista de fe surgió en el contexto de las revueltas campesinas del siglo XVI[modern_footnote]Arnold C. Snyder, “Revolution and the Swiss Brethren: The Case of Michael Sattler” en: Church History 50 (1981) 276-287.[/modern_footnote].

En mayo de 1527, Margaretha fue enjuiciada por herejía en Rottenburg y “luego de ser sometida a muchos ruegos, muchas admoniciones y muchas advertencias, frente a las cuales se mantuvo firme, fue ahogada” en el río Neckar[modern_footnote]“Trial and Martyrdom of Michael Sattler. Rottenburg, 1527” en: Spiritual and Anabaptist Writers. Documents Illustrative of the Radical Reformation (Philadelphia: Westminster Press, 1958) 144. [/modern_footnote]. Unos pocos días antes, su esposo Michael Sattler había sido torturado y ejecutado. Las trece personas anabautistas –varones y mujeres- acusadas le causaban gran preocupación a las autoridades porque proponían la no-resistencia en el hipotético caso de que los turcos invadieran. Luego de haber consultado con sus “hermanos y hermanas”, hablando en representación del grupo, Sattler reafirmó que el mandato de Jesús en Mateo 5,31 no les permitía hacer guerra ni matar a nadie[modern_footnote]“The Trial and Martyrdom of Michael Sattler,” 141.[/modern_footnote]. Es sugerente que antes de enfrentarse a las autoridades Sattler haya consultado no solamente con los varones del grupo, sino también explícitamente con las mujeres.

Otro texto muy interesante de la época es el Ehespiegel del pastor luterano alemán Thomas Birck (1598), un manual para el matrimonio. El libro incluye pequeños diálogos a la manera de obras de teatro que soían leerse en voz alta. Entre los personajes hay una mujer anabautista casada con un luterano. Birck la pinta como una mujer descarada, terca y obstinada[modern_footnote]Marion Kobelt-Groch, “Greedy, Violent, and False. On the Image of the Anabaptist Woman in Thomas Birck’s Ehespiegel (1598),” en: Sisters, 52-62.[/modern_footnote]. Son características negativas, por cierto, pero de alguna manera reflejan la fuerza de las mujeres de la Reforma Radical – pues son adjetivos que a menudo se utilizan en discursos patriarcales para desmerecer a las mujeres “desobedientes”. El escrito de Birck nos da a entender que las mujeres anabautistas eran un fenómeno que requería contención si había de defenderse el orden patriarcal.

A medida que fue menguando la urgencia escatológica y profética del movimiento anabautista de los primeros tiempos, se fueron limitando también las opciones de las mujeres en las iglesias, si bien siguieron encontrando maneras de sobreponerse a las restricciones a través de formatos no-tradicionales[modern_footnote]Mirjam van Veen, Piet Visser and Gary K. Waite, “Introduction,” 3.[/modern_footnote]. De hecho, dentro y fuera de la Reforma Radical, cuanto más formal e institucionalizada la estructura eclesial, menos espacio suele existir para que las mujeres asuman papeles protagónicos. De última, esta tendencia no representa otra cosa que “apagar el Espíritu” (1 Tes 5,19) y por consiguiente robarle flexibilidad, creatividad y capacidades al movimiento de Jesús: algo que nos vendría bien recordar en los tiempos que corren.

*Nancy Elizabeth Bedford nació en Comodoro Rivadavia, Argentina. Es doctora en teología por la Universidad de Tubinga (1994). Desde 2003 ha sido profesora titular de teología en el seminario metodista unido Garrett-Evangelical de las afueras de Chicago. Anteriormente enseñó teología en el Instituto Universitario ISEDET y en el Seminario Internacional Teológico Bautista, ambos en Buenos Aires. Ha escrito más de 70 capítulos de libros y ensayos académicos sobre diversos temas teológicos. Es autora, co-autora o editora de nueve libros. Los dos más recientes son Galatians, A Theological Commentary (2016) y Teología feminista a tres voces, con Virginia Azcuy y Mercedes García Bachmann (2016). Está casada con Daniel Stutz, con quien tiene tres hijas: Valeria, Sofía y Carolina. Pertenece a una iglesia menonita.

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