La urgencia política de ser interculturales

By Admin FTL

Por Fabio Salguero

Es intrínseco a las culturas el encontrarse en un constante proceso de cambio*

En la actualidad, con la facilidad con la que se nos expone el mundo en las redes sociales, el fenómeno de la movilización humana ha venido a ser una realidad planetaria de la que cada vez más somos conscientes, y al mismo tiempo, con la misma facilidad, se nos expone a diferentes expresiones sociales y políticas sobre el mismo fenómeno.

La cultura de la conexión global nos ensambla al sistema de producción de noticias que rebasan la irracionalidad de la violencia, tanto al interior de nuestros países, como a nivel internacional, multiplicando indignaciones o, por el contrario, justificaciones por las expresiones antiinmigrantes que se generan en la cotidianidad.

Siendo así, esta coyuntura nos advierte que es necesario pensar en la construcción de nuevos espacios sociales que tomen en cuenta a cada contexto cultural; sobre todo, porque el reconocimiento de que cada pueblo es producto de la movilización humana ha dejado de ser una opción.

Las migraciones “nos sitúan frente a frente en la vida cotidiana y relaciones sociales a grupos diferentes, cada uno con sus rasgos distintivos y una manera de vivir peculiar. Son una profecía, […], son una oportunidad histórica para realizar la Justicia” (Adell & Fayrén, 2000, p. 20). Es una oportunidad para hacer valer lo intrínseco de cada cultura, de recrear procesos y espacios de cambio y adaptabilidad; y oportunidad, en definitiva, para tomar distancia de las voces que llaman a hacer valer “lo nuestro” y a “preservar las buenas costumbres” mientras rechazan las alteraciones.

En este sentido, las migraciones nos plantean repensar eso que tanta controversia despierta en quienes ven en las personas extranjeras, inmigrantes y refugiadas, una amenaza. Lo propio, lo que se entiende por rasgos diferenciadores respecto del resto, no debe agotarse en lo exclusivo (Heise, Tubino, & Ardito, 1994, p. 10); sino, en el encuentro de las expresiones internas y externas del grupo, y que contribuyen a enriquecer la cultura y el sentido de pertenencia.

Dicho así, se nos hace manifiesto que la cultura, mientras más se reinvente, más muestras de vida provee; “las culturas se conservan cambiando, asumiendo, apropiándose de modos y formas culturales nuevas” (Heise, Tubino, & Ardito, 1994, p. 10) y no estancándose en tradiciones para el deleite académico.

Siendo así, no sólo se nos plantea la necesidad de revisitar el concepto de cultura, sino, de asumirla como una tarea política pendiente, en la que las comunidades a donde llegan a residir las personas inmigrantes y refugiadas contribuyan a formar un nuevo espacio social, y al mismo tiempo cultural, abierto a las transformaciones, adaptaciones y revitalizaciones del grupo.

Por eso, más que la construcción de comunidades multiculturales o pluriculturales, se nos propone la construcción de la interculturalidad, que nos invita a fomentar la creación y recreación de una nueva cultura, un nuevo espacio cultural, que fomente constantemente lo nuestro desde otra perspectiva, es decir, desde la vida cotidiana abierta a la historia, pero ya no desde el pasado, sino desde el futuro que tan inevitablemente se nos presenta en la interacción intencional de fortalecer relaciones humanas dinámicas.

Para la fe cristiana atenta a los retos de su época, esta invitación es el mandato cultural de acompañar a toda la creación hacia la vocación con su creador y del ministerio de la reconciliación que nos dejó Jesús, llevando a un nivel más intencional el testimonio profético de no reproducir aquellos proyectos que no aseguran la vida de todas las personas, por ser constitutivamente exclusivos y excluyentes.

Dicho así, la urgencia política de ser interculturales es, entonces, afirmar la vida y apostar por ella en medio de un mundo rebasado por el pecado de la humanidad; rechazando la precariedad y la vulnerabilidad a la que son expuestas las personas inmigrantes y refugiadas. Es definir formas de vida que hagan presente, o actualicen, los valores de Jesús y del proyecto hospitalario de Dios, visualizando una sociedad de convivencia, de integración y abierta al mundo.

*Adell & Fayrén, La interculturalidad, estratégia para la paz, 2000

Referencias

Adell, C., & Fayrén, J. G. (2000). La interculturalidad, estratégia para la paz. Papeles de Geografía(32), 19-20.

Heise, M., Tubino, F., & Ardito, W. (1994). Interculturalidad, un desafío. Lima: CAAP.