Boletín de Reflexión, 2- 2015: ‘Cuba y los Estados Unidos, ¿un nuevo amanecer?’

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Escrito por Lindy Scott
CUBA USA

 

El día 17 de diciembre, 2014, los presidentes Raúl Castro (Cuba) y Barack Obama (Estados Unidos) comunicaron simultáneamente una decisión importante para los dos países. Anunciaron el inicio de un proceso de normalizar relaciones entre sus naciones. Este hito marca un cambio significativo para las Américas. Poco después del éxito de la revolución castrista en 1959, los Estados Unidos empezó a tomar acciones que lastimarían la economía cubana con el objetivo de tumbar el gobierno de Fidel Castro. En 1959 se iniciaron restricciones de comercio entre los Estados Unidos y Cuba, y un año más tarde, un boicoteo casi completo de exportaciones norteamericanas a la isla. En respuesta, Cuba desarrolló vínculos comerciales con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así, los contornos de la Guerra Fría dominaron relaciones estadounidenses-cubanas por décadas, aunque se suavizaron un poco durante la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981). Después de la caída de la Unión Soviética se esperaba que el fin de la Guerra Fría produciría un cambio en las relaciones entre los dos países. Lamentablemente, muy poco había tomado lugar en los últimos 25 años.

Muchas personas, dentro y fuera de los Estados Unidos, queríamos que Obama tomara iniciativas pro-activas para reanudar relaciones normales con Cuba al principio de su presidencia. Sin embargo, no fue hasta finales del sexto año de su gobierno que Obama, por fin, actuó. Algo sorprendente fue el papel del Papa Francisco. El Papa funcionó como intermediario entre Castro y Obama. Personalmente, me parece muy apropiada su intervención. La decisión es un paso adelante para los ciudadanos en ambos países. Políticamente, el Papa les ayuda a Castro y a Obama, elevando el apoyo de la población católica para sus respectivos gobiernos.

Aspectos de esta nueva normalización incluyen: (1) un levantamiento parcial de restricciones de visitas de ciudadanos entre ambos países; (2) un flujo más libre de remesas de cubano-americanos a sus parientes en la isla; (3) acceso bancario norteamericano a la economía cubana (por ejemplo, el uso de tarjetas de crédito norteamericanas en Cuba); (4) la re-apertura de embajadas en Habana y Washington, respectivamente; y (5) el intercambio de prisioneros políticos.

El impacto de esta decisión es todavía incierto, especialmente a largo plazo. Sin embargo, hay indicaciones de lo que sucederá en el futuro:

  • El nivel de vida material de los cubanos se mejorará en cuanto Cuba pueda adquirir medicamentos, alimentos y otros productos a mejores precios. También habrá más ingresos a causa del aumento en turismo y remesas. Sin embargo, este dinero no será compartido igualmente entre el pueblo cubano. Surgirán más diferencias de clase social.
  • Habrá más comunicación entre cubanos y el resto del mundo. Un problema potencial es que algunos cristianos ¨bien intencionados¨ de los Estados Unidos y de otros países lleguen a Cuba en grandes números para ¨ayudar¨ a la iglesia en Cuba. En mis visitas a la isla, he notado que muchos sectores de la iglesia cubana están experimentando un avivamiento genuino. Su caminar particular con Dios ha producido un fervor en la adoración y un entusiasmo en el compartir del evangelio. Por supuesto, la iglesia cubana tiene sus áreas fuertes y débiles, y va a necesitar el respaldo y las oraciones de los demás cristianos en el resto del mundo. Sin embargo, creyentes en otras partes del Cuerpo de Cristo también pueden aprender mucho de la fe y testimonio de la iglesia cubana.

Un nuevo amanecer ha surgido en nuestra América. Existen posibilidades de una mayor comunicación dentro del pueblo de Dios, especialmente para creyentes cubanos y estadounidenses. ¡Enfrentemos los cambios futuros con fe en nuestro gran Dios!